El Mogorcito

Los hermosos viñedos en colina son el escenario donde crecen las variedades de Viñas de Garza, una pequeña vinícola mexicana dedicada a la producción de vinos Premium. Recorrer la bodega en “El Mogorcito”, es un deleite que sólo puede concluir con una copa de sus sofisticados vinos.  

La primera vez que visité la zona vitivinícola de Baja California, quedé enamorada por completo: de sus paisajes, de su clima, de su gente, de lo mágico que puede resultar un valle rebosante de creatividad, de pasión y de amor por lo que se hace, y por todo lo que ahí está sucediendo.

Hoy día se habla de que son casi 150 proyectos vinícolas tan sólo en esta zona. Si no lo vieras con tus propios ojos, simplemente no lo podrías creer: cuando estás ahí te quedas ensamblado a cada vid, a cada olivo o a cada flor de lavanda que nos regala el terruño, a lo que nos brinda la naturaleza, a los atardeceres con más colores o a los cielos llenos de estrellas.

Se describe un sitio espléndido, divino, un lugar donde pueden suceder verdaderas historias de amor y es precisamente lo que floreció en un pedacito del Valle de Guadalupe, en un hermoso rincón llamado Rancho El Mogorcito.



Amado Garza, ingeniero mecánico de profesión, es originario de Monterrey y se dedicó a la distribución de materiales para construcción en Ensenada. Padre de tres hijas, es un hombre realmente cálido, increíblemente creativo, sencillo y con una honestidad firme que refleja su franca sonrisa, nos platica que su plan de retiro se convirtió en su nueva pasión.

La historia que cuenta, es que fue “sonsacado” por su amigo Hugo D’Acosta (famoso enólogo mexicano), y que junto con su esposa Ana Lilia Garza decidieron comprar un rinconcito que quedaba del Rancho El Mogor, situado en la carretera Tecate-Ensenada por el Km 87 (fue de ahí que surgió su nombre y se le quedara, de cariño, “El Mogorcito”) y donde empezaron con tres hectáreas de Cabernet Sauvignon y Merlot en el año 2003.

Viñas de Garza, nombre que se le dio a la hora de empezar a vinificar, se encuentra en una hermosa colina que se ve desde la carretera principal que cruza todo el valle. Nació con la certeza de que las vinícolas pequeñas en México pueden producir vinos de alta calidad, y cuando su primera vinificación tuvo lugar hasta el año 2006, fue tiempo suficiente para desarrollar los viñedos e infraestructura propios para una producción completa y de calidad controlada.

Este es un proyecto enteramente familiar y autosuficiente, Amado se convirtió en wine maker y su familia lo ayuda en todo. Aquí es donde lo que se dice, del vino y de su “hacedor”, es verdad, ya que en cada una de las etiquetas que tiene Amado se nota la fraternidad, el cariño, la clase y el buen gusto que refleja esta familia y su gran proyecto de vida.


Como se mencionó, sus primeros vinos se dieron en el 2006, empezaron con 800 cajas y hoy día cuentan con más de 6000 elaboradas año con año. Visitar Viñas de Garza es una experiencia distinta a las demás bodegas del valle, porque sus viñedos en colina son mágicos, pequeñas montañas llenas de hermosas vides que dibujan todo el camino hasta las puertas de la bodega.

Cuesta arriba en el auto a 2 Km/h claramente señalado en el camino, se puede ver el paisaje que cada vez se hace más bello, y cuando se llega a la cúspide, una hermosa y acogedora construcción tipo chalet, rodeada de flores y elementos del vino, dan una esplendida bienvenida.

Ahí nos recibe Melissa Garza, hija de Amado y Ana, en este momento es posible lograr una de las fotos más exquisitas del Valle de Guadalupe, ya que por su ubicación en colina tienen un paisaje precioso. Enseguida Amado y Ana abren las puertas de su hogar: el trato es amable y familiar para empezar el recorrido.



Mientras vamos caminando, Amado platica su historia y nos adentramos a un lugar mágico: piedra, madera, árboles verdes y flores que llevan hasta los tanques de fermentación. En el recorrido obtenemos detalles sobre el proceso; inicia la cosecha de la uva y comienza el proceso de vinificación en esta bodega, la cual cuenta con la tecnología requerida para el control de los procesos y selección desde este momento. Una gran maquinaria permite limpiar y seleccionar las uvas para después pasarlas a la prensa y de ahí, dependiendo del vino que se va a hacer, se va a los tanques de fermentación.

Viñas de Garza tiene alrededor de 15 hectáreas, en las cuales se encuentran sembrados diferentes varietales como: Grenache, Tempranillo, Zinfandel, Nebbiolo, Merlot, Cabernet, Montepulciano, Sauvignon Blanc, Chardonnay, Petit Syrah y Moscato Canelli. Dentro de las instalaciones del Rancho El Mogorcito, cuentan con instalaciones para añejamiento, envasado y almacenaje para más de 4000 cajas.



Seguimos por el camino rodeado de vegetación, y de pronto Amado abre una puerta fuerte de madera. De inmediato podemos distinguir aromas a madera y vainilla: estamos por entrar a su cava, la cual cuenta con controles de temperatura, humedad y ventilación adecuada para la renovación del aire y una bodega de reserva con las condiciones propicias para el reposo y añejamiento de un vino con calidad Premium, como lo son sus nueve etiquetas: Blanco del Rancho Mogorcito, Amado IV, Colina Norte, Tinto del Rancho Mogorcito, 2 Km/h, Grimau, Chardonnay, Sombrero y Gran Amado. Por supuesto, nos platica cada una de las historias de estas etiquetas y cómo nacieron.

De la deliciosa cava, resta pasar a la terraza para degustar estos vinos, a los cuales ya conocemos muy bien, sólo nos falta comprobar lo que fuimos imaginando de cada uno de ellos. Una tabla de quesos frescos de la región, aceite de oliva y pan, son el complemento perfecto en una mesa decorada con una rama de lavanda recién cortada.

El primer vino, El Blanco del Rancho Mogorcito, es un vino fresco, de ataque medio, excelente expresión aromática y gustativa. Excelente para acompañar frutos del mar y días soleados como los del valle.

Enseguida probamos Amado IV, (el hijo varón de Amado y Ana Lilia) un ensamble único de la zona: Cabernet, Merlot, Tempranillo y Zinfandel, su color rojo con matices teja denotan madurez, se ve limpio, brillante y de alta densidad, un vino exquisito de gran expresión, se muestra intenso, abierto y con carácter.

Seguimos con Grimau, de mis vinos favoritos, su intenso color rojo ciruela anticipa un vino potente y de alta expresión sus matices violáceos denotan juventud, es muy brillante tiene un carácter que se divide entre la potencia y la complejidad, pero al mismo tiempo la elegancia y el balance. Todo el estilo de los vinos de Amado Garza, la limpieza, la expresión, el equilibrio y lo deleitable.

Terminamos la visita cuando nos sirven Sombrero, un vino hecho para exportarse, de ahí el gran nombre de este vino, muy mexicano, Es un vino intenso y de gran personalidad, hecho para deleitar los mas exigentes paladares, gran ensamble de Cabernet, Merlot y Tempranillo.

Una copa de vino en las manos, el vino en boca, el viento en la cara y un horizonte con la belleza de las vides del Rancho El Mogorcito. ¡Qué más pedir que un paisaje completamente vinícola, en todos los sentidos, una experiencia realmente espectacular!

Cuando llegues a la Ruta del Vino de Baja California, tienes que visitar a la familia Garza y conocer El Mogorcito. No te quedes sólo con leerlo, ¡vívelo! ¡Nosotros te llevamos!

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