Los vinos que saben a sueños

Esta vez conoceremos una de las historias más prósperas y encantadoras que tiene la industria vitivinícola mexicana, otro tesoro más dentro del Valle de Guadalupe en Ensenada, Baja California: Norte 32.



Para el año de 2002, el capitán Óscar Obregón, piloto aviador y mejor conocido por sus amigos como “el Capi”, tenía la idea de retirarse a Texas junto con su esposa Alicia, pero el destino les tenía preparada una maravillosa sorpresa relacionada con otra de sus pasiones: el vino. El Capi amaba el mundo de lo vino, amor que heredó por parte de su padre, el cual creció aún más gracias a que pudo conocer las zonas vitivinícolas de diferentes países y regiones a lo largo de sus vuelos.

En 30 años como piloto, el capitán Obregón recorrió miles de kilómetros de cielo en todo el mundo, vio incontables atardeceres desde su cabina, viajó a través de nubes y bajo el manto de millones de estrellas, y por ende recorrió innumerables tierras. Así, un fragmento de terruño que vio desde el firmamento se convirtió en su nuevo rumbo.

Los pilotos identifican un pedazo de espacio aéreo que se encuentra al volar de Tijuana a la Ciudad de México con el nombre de Oasis, y justamente abajo, en tierra, el Capi encontró la latitud: Norte 32.



Ese mismo año adquirió una propiedad situada exactamente en este lugar, que se encuentra en pleno corazón del Valle de Guadalupe. Al año siguiente él y su esposa sembraron siete hectáreas (aproximadamente 20 mil vides de Merlot y Cabernet Sauvignon), y así se empezó a crear un nuevo mundo, junto con su esposa y sus hijos Alice, Oscar y Juan Pablo, transformando su forma de vida.

Uno de los mejores amigos de la familia Obregón es José Luis Durand, ingeniero agrónomo de origen chileno con especialidad en Fruticultura y Enología que llegó a tierras mexicanas contratado por Pedro Domeq, en el Valle de Guadalupe. Tiempo después se retiró de dicha bodega para consagrarse de lleno a la producción e impulso del vino mexicano, así como a dedicarse a su propia vinícola y, entre otras cosas, a asesorar de forma integral la creación de algunos de los mejores vinos de esta región.

En el año 2005, José Luis Durand se convirtió en el enólogo de tintos de Norte 32, y de esta manera emprendió este maravilloso viaje junto al Capi y su familia. Su asesoría técnica está plasmada en todas las áreas de la producción de los vinos de esta vinícola, desde el concepto y las ideas previas, hasta los detalles arquitectónicos de la bodega y obviamente el producto terminado; también interviene en el diseño de las etiquetas, así como en el arte que engloba la propuesta completa.



Los vinos de Norte 32

Un año después el capitán Obregón se retiró de la aviación, se mudó a Ensenada y se dedicó al 100 % a su vinícola. Para ese entonces Norte 32 contaba ya con su Etiqueta Blanca, un ensamble de Cabernet Sauvignon, Nebbiolo y Grenache, vino que sorprendió a todos por su fuerza y calidad.

Se creó un ensamble de Tempranillo y Syrah. Con 12 meses en barrica francesa y americana, resaltan en él sus aromas de toffee y caramelo, y a medida que se va abriendo comienzan a desfilar notas muy elegantes de cerezas y moras con un ligero toque de frambuesa. La Etiqueta Blanca original se convirtió en un monovarietal de Cabernet Sauvignon con 12 meses en barrica francesa y americana, con notas muy elegantes de cerezas y moras, y un ligero toque de especiado y vainilla.

En este mismo año nace Teziano, un Cabernet Sauvignon seleccionado de sus mejores barricas de roble francés, madurado en ellas 18 meses. Es intenso, rojo y dulce, tiene un inicio de frutos rojos de bosque, como guindas secas, cerezas maduras y ligeras notas de té negro; al ir abriendo evoluciona mostrando una mezcla de frutas secas como nueces y castañas con vainilla y algo de cacao amargo.

Los vinos del Capi enamoran a la región, y de esta forma Norte 32 comienza a recibir amantes del vino en su bodega, visitantes que pasaban mucho tiempo viajando y a los cuales se les daba la bienvenida a la vinícola con un vino fresco que se elaboraba sólo para la familia Obregón y sus amigos, pero estos vinos se hicieron tan famosos que tuvieron que compartirlos con el mundo y es así como en el año 2012 nacen: Norte Azul, un rosado mezcla de Syrah, Marsanne y Chardonnay, expresivo, fragante y de gran complejidad. Y mi favorito: Flor de Bruma, un maravilloso vino blanco 100 % Chardonnay, el cual abre con alegría y la dulzura típica de esta uva, y finaliza con un ligero aroma de violetas y frutos del bosque. Simplemente espectacular. Actualmente se producen cerca de 4000 cajas por año.

Amigos, familia y trabajo en equipo.

Leí esto por ahí y vale la pena compartirlo: “Los vinos del capitán Obregón hablan de tiempo, de logros, de trabajo en equipo, de lazos, de familia, de unión, de entrega y sacrificios, y sobre todo, de un ejemplo de vida de años de trabajo y dedicación”.

Los vinos de Norte 32 saben a sueños realizados gracias a familia y amigos, un proyecto que hoy en día aporta importantes etiquetas a la industria del vino mexicano. Los vinos de Norte 32 saben a viajes, a búsqueda y a entendimiento.

Las dos grandes pasiones del Capi tienen mucho que ver; el volar y el hacer vino requieren de casi las mismas cosas: técnicas a seguir, constancia, dependencia en su totalidad al clima, la paciencia de descubrir nuevos comienzos y, sobre todo, la pasión infinita por lo que se hace.

Cada una de sus etiquetas atesora un avión en pleno vuelo, lo que parece decirnos que los vinos de Norte 32 no vuelan con motores, pero sí con amor, dedicación, conocimiento y libertad.

Siempre que te sea posible visita esta vinícola, y si tienes suerte, escucha de la propia boca del Capi cómo convirtió su sueño en realidad mientras degustas con él sus deliciosos vinos.

No te quedes sólo con leerlo, vívelo.


www.norte32.com.mx

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