Pasiones heredadas

Mi abuelo se sentaba a la orilla del mar, pedía una “cubeta” de almejas vivas que se comía de botana para la tarde. Me platica mi mamá que yo era la única de los nietos que se sentaba con Él hasta acabarnos juntos aquella cubeta. Era una niña diferente que lo que más comía eran ostiones y almejas (A los 4 años). En los restaurantes pedía una docena de ostiones Rockefeller que no compartía con nadie. Un día en el supermercado mientras mi madre hacía las compras, me dejó sentada en el carrito y al regresar me encontró tapizada de blanco. Me había dejado al alcance de mi mano una pirámide de queso parmesano recién rallado. Durante mucho tiempo pensé que sólo eran anécdotas simpáticas de mi vida sin mucha relevancia. Tengo la fortuna de haber crecido rodeada de gente que ama los placeres, el de vivir bien, comer bien y beber bien. “Que no se te haga extraño que te dediques a esto. Mientras los sibaritas de hoy comían de niños hamburguesas y papas fritas, tú ordenabas tus ostiones preparados”, me dijo una vez mi mejor amiga. Justo en ese momento supe lo que había heredado, no sólo de mi abuelo, sino también de mi papá.




El hedonismo es una doctrina que considera el placer como la finalidad de la vida. Los hedonistas viven para disfrutar de los placeres, especialmente los sensoriales. Estoy segura que es gracias a esta herencia en específico, que disfruto tanto que mi vida gire en torno a el vino.

Conozco mucha gente que se dedica a algo sólo por tradición familiar. Como si porque el bisabuelo, abuelo o padre fueron abogados, la siguiente generación no tuviera alternativa. Y aún sin estar convencidos, ceden y abandonan lo que realmente les gusta o apasiona.


Afortunadamente existe el otro lado de la moneda. Y en el mundo del vino tenemos muchos ejemplos de esto.

Personas que tienen la fortuna de heredar no sólo la tradición, sino la pasión por algo a través de sus padres o abuelos que les enseñan y transmiten lo que “no se compra en botica”. Que nacieron o crecieron entre viñedos y han decidido continuar con convicción y pasión, y no por obligación, el legado de su ascendencia.

Hace un par de meses visitando la Vinícola Torres Alegre y Familia, nos encontramos a Leonardo Torres, hijo del gran Dr. Victor Torres Alegre. Agotado y feliz, con las manos aún llenas de tierra, nos invitó a pasar al area de produccíon. La noche anterior habían cosechado su uva Palomino. 4 personas despalillaban la uva antes de subirla a la prensa. Mientras nos platicaba lo dura que fue la cosecha horas antes, nos sirvió una copa directamente del tanque de fermentación. Probamos el jugo de lo que proximamente será un vino exquisito, para después mostrarnos lleno de orgullo su hermosa y nueva sala de degustación, que intervenida quedó aun más linda!

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¿Que tal la mano de nuestro querido Leo? Momento maravilloso.

Foto de Leonardo Torres 


El pasado Festival de las Conchas, nos sorprendimos al conocer a Ana Sofía de 18 años, hija de Sergio Castañeda, propietario de Casta de Vinos. Al llegar al stand jamás imaginé que estaba hablando con la “winemaker” más jóven de México. Nos dio a degustar el vino que ella había elaborado, “Flor de Roca” tinto 100% Ruby Cabernet, simplemente delicioso. 2 meses después en la edición del Concurso Internacional de Bruselas, donde se premiaron sólo vinos de México, le otorgaron su primer medalla de oro.



Gracias Ana Sofía! Te seguimos el paso!!

Foto: ProyectoVino


Qué decir del amor y pasión que el Dr. Backhoff le heredó a su hijo Hans, hoy Director General de una de las vinícolas más importantes del país. O de Oscar, Juan Pablo y Alice, que junto con su adorable padre el Capi Obregón, están construyendo y haciendo volar muy alto los vinos que elaboran en su vinícola Norte 32.

O de Lucas D´Acosta quien ya lleva las riendas de Aborigen, siguiendo los pasos (recargados) de Su señorón padre Hugo D´Acosta.



Son muchos más los ejemplos maravillosos de esta hermosa pasión heredada y estoy segura de que la lista seguirá creciendo, por ésta y más generaciones aún.

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