Todo el vino es para compartirse

February 11, 2019

"El vino es para compartirse en familia. El vino es para compartirse en pareja. El vino es para compartirse con amigos, y el vino es también para compartirse con nuestros pensamientos. Es justamente esa palabra, el “compartir”, que en mi vida le ha dado al vino magia, cuerpo y voz. Es esta acción de convivir, conversar y coexistir alrededor de una bebida lo que permite que ésta trascienda su naturaleza; de un líquido en una botella, un simple alimento; a un portal que nos transporta a un sinfín de recuerdos; de fechas, risas, mesas compartidas y planes inconclusos para componer el mundo.

El vino es un acompañante igual al resto de los comensales, pero que además aporta un sentido de comunidad que marca el compás de una buena experiencia. La fiesta empieza con el inconfundible sonido del primer corcho, el preludio de verter el vino en las copas, y un in crescendo de tensión que estalla al tenor de “¡Salud!”. Es así como en el teatro de la mesa, todos estos elementos convergen en el vino, que en perfecta armonía con la comida, la música y las risas, orquestan una velada, y se inmortalizan en el recuerdo.

Yo nací en Ensenada antes de que Ensenada naciera para el mundo. Si bien existían un par de vinícolas en el Valle de Guadalupe, éstas no figuraban realmente. Mucho menos existía una cultura del vino, ni lo bebíamos con frecuencia en la familia. La Ensenada de mi niñez fue una Ensenada de café de olla, zanahorias recién sacadas de la tierra y galletas de animalitos. Era la Ensenada de los pescadores y los agricultores que, como mi abuelo, trabajaban de sol a sol para proveer a sus extensas familias. Llena de gratos recuerdos me despedí de mi Ensenada a los 8 años para embarcar la travesía de mi vida, tocando puerto en diversos destinos del país. Recuerdo que cuando llegué a vivir a la Ciudad de México tenía que explicarle a la gente qué era y dónde estaba Ensenada, pues nadie tenía la menor idea de su existencia. Descubrirme a mí misma en estos entornos diferentes fue lo que me dio hambre y curiosidad de continuar explorando y descubriendo el mundo.

El transcurso de esta aventura me detuvo un tiempo en París, donde como estudiante, descubrí dos de mis grandes pasiones en la vida: la cocina y el vino. Debo confesar que ninguna de las dos surgió como un sueño romántico, sino que en el primer caso me tenía que ganar la vida, y en el segundo era para lo que alcanzaba. El fácil acceso a vinos de buena calidad y bajo precio me inclinó hacia esta bebida como la opción primordial, y me abrió la puerta a experiencias mágicas, tal como deleitarme comiendo una baguette recién horneada con queso brie a la orilla del Río Sena, acompañada de un Merlot. Hoy me doy cuenta que, ya sea sentada a la orilla del río o en una gran cena de gala, el vino nunca está por encima ni por debajo de la ocasión, sino que como perfecto acompañante, se reviste de la elegancia de su entorno.

Regresé a México y continué mi vida. Guardé las maletas y formé una familia (lo que fue tan emocionante e intimidante como viajar por el mundo sin rumbo, pero esa es historia para otro día). Los eventos de la vendimia en Ensenada nos llevaban todos los veranos como excusa para visitar a la familia, beber vino y pasar un rato agradable, y observé cómo cada año estos eran más concurridos, más elaborados y más emocionantes. ¿Quién me iba a decir que Ensenada iba a convertirse en la capital vinícola del país? ¿Cómo agradecer la oportunidad de reencontrarme con una Ensenada rejuvenecida, impetuosa y llena de sueños y proyectos? Sin duda, le debo al vino esta nueva etapa de reencuentro y re-enamoramiento con mi tierra y mis raíces. Me llena de orgullo no tener que explicar en dónde está Ensenada, maravillarme con sus paisajes, visitar sus viñedos, conversar con su gente y no dar crédito de lo mucho que ha crecido. De lo mucho que he crecido. Yo me fui a vivir mi aventura, mientras Ensenada tenía la suya propia. Dos historias distintas de aprendizaje, paciencia, amor y vida que parten de un mismo punto y se separan, para venir a converger, como todo, en una copa de vino.

 

Hoy, el vino es para compartirse con Ensenada."

 

Chef mexicana, graduada de la escuela de cocina Le Cordon Bleu, de Paris. Originaria de Ensenada, Baja California. Enamorada de México, su gente, su gastronomía, sus tradiciones, pueblos y paisajes

 

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